El viaje de las tormentas es un nido de preguntas
que viene a transformar, y que al igual que las respuestas,
no contestan porqué la más débil de las luces
se aposenta a propósito en la intensa oscuridad.
Cuando casi todos andan ocupados en brillar,
la marea indomable rinde cuentas,
y nos trae irrealidad.
Pero en breve,
otro evento empieza ya,
y se ensarta en el eje de aquello que queremos
– como a un hímen- llamar virginidad.
Cuanto más oculta la desilusión,
más imposible de filtrar el desconsuelo que cimenta la Pasión en su diacrónico vuelo;
erráticas construcciones incomparables al imposible Poder,
cuyo latir embriónico es un ejambre que cae de la rama,
y esa es la señal, cualquier cosa, como yo, fuera de lugar.
Y sí, querido Asimov, era mi costumbre concederle el paso a la prepotente Tiniebla,
y de hecho, ahí va,
me precede como la negrura que cierra al Cielo presagiando una tormenta.
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