Que me perdone el poeta culto,
y el roedor de libros,
que me perdone o me condene el tiempo,
para mí es igual, pero no en la hora insepulta.
Hora de cruces inmemoriales,
de concreciones y centífrugos torbellinos,
¿qué proyectas?
Preponderante, volátil ola de desconciertos,
desangran tus manos
agarradas a las barras del trapecio.
Hora de cuarzo, de preciso pulso,
dede el prisma de tus recesos induces,
contráctil, la dilatación de la era
del desvelo.
Todo no está escrito, ni debiera.
y el roedor de libros,
que me perdone o me condene el tiempo,
para mí es igual, pero no en la hora insepulta.
Hora de cruces inmemoriales,
de concreciones y centífrugos torbellinos,
¿qué proyectas?
Preponderante, volátil ola de desconciertos,
desangran tus manos
agarradas a las barras del trapecio.
Hora de cuarzo, de preciso pulso,
dede el prisma de tus recesos induces,
contráctil, la dilatación de la era
del desvelo.
Todo no está escrito, ni debiera.
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