lunes, 23 de diciembre de 2013

Morisoñando

En algún momento se inició mi travesía entre dos mundos,
la brecha contráctil que da a luz mi suceso.

 El reloj
 tic tac
inconsecuente

 rueda y se desarma.

La noche, que tantas veces me digirió en su boca, me vomita.

Cambié mi centro reflexivo; ese espejo en que el yo se ve,
mitad muerto, mitad vivo. Yo soy para siempre. 


Mi viaje onírico a veces parte desde la pierna ulcerada de Bibín,
su olor a cera dulce persiste aún en los espacios. Su recuerdo
es un emblema de palmas desteñidas en el marco de la puerta
que musita: ¡misericordia, Señor, misericordia!

(Con la certeza de una flecha perdida,ensarta mi alma,
discurre por la brecha de una ecuación en la que yo soy el símbolo
impredecible, la disipación de las vanas palabras, el holismo
de todas mis partes rotas). 
 


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TEATRO

Desde mi infancia, las apariciones y desapariciones de personajes crearon sin cuestionamiento una realidad caótica, y de ese hueco emanó todo el misticismo.